Los potentados del banano en tiempos de la United

El Padre: No harán nada, no se atreverán, son cobardes.
La Muchacha: Está bien: son cobardes, pero van a hacer algo; están dispuestos a hacer algo.
El Padre: ¿Por qué estás tan segura?
La Muchacha: Lo sé.
El Padre: ¿Te han dicho algo?
La Muchacha: No: a mí no me dicen nada.
El Padre: ¿Por qué?
La Muchacha: No soy de ellos. Además no es cosa de mujeres.
El Padre: ¿De quién eres?
La Muchacha: De usted, usted me compró.
La casa grande. Álvaro Cepeda Samudio

Las concesiones de baldíos y del ferrocarril, dadas desde el gobierno del presidente Rafael Núñez, y posteriormente las políticas proteccionistas y clientelistas de Rafael Reyes favorecieron la economía de algunas familias y militares en la Zona Bananera de Santa Marta. Con la llegada de la United Fruit Company, las élites locales vivieron de las millonarias rentas que les pagaba la compañía bostoniana por el alquiler de sus fincas y la compra de la fruta.

Una versión de este artículo fue escrita para Opinión Caribe

La tierra fue un factor de dominio, poder y conflicto en la Colonia y la República. Muchas familias de la élite samaria adquirieron importantes extensiones de tierras, bien por adjudicación del Rey o por disposiciones de las autoridades de Colombia, con las que cimentaron su dominio económico y político. Muchas de estas tierras fueron vendidas a compañías extranjeras como la Compagnie Agricole et Immobilière, la Colombia Land y la United Fruit Company. El control y posesión de la tierra fue el origen de muchas fortunas en el Magdalena. Algunas subsisten.

Rafael Reyes. Presidente de Colombia 1904 y 1909. Foto colombia.com
Rafael Reyes. Presidente de Colombia 1904- 1909. Foto colombia.com

El conservador Rafael Reyes, presidente de la República (1904-1909), fue clave para el enriquecimiento de algunas familias en el Magdalena. Reyes, quien hizo frente a las consecuencias de la Guerra de los Mil Días y la separación de Panamá, creó en 1907 la Junta Agraria del Magdalena, una figura que permitió legalizar todas las adjudicaciones de baldíos efectuadas por los concejos municipales, muchas de estas a importantes familias con orígenes coloniales y vinculadas al comercio de importación. Algunas reclamaron como suyas,  esgrimiendo viejos títulos coloniales, tierras consideradas baldías. La inexistencia de cartografías y de registros sobre estas tierras contribuía a confusiones, y tales vacíos fueron aprovechados por los abogados de las familias influyentes para hacer legalizar las tierras de sus representados.

Minor Coope Keith, magnate estadounidense. Empresario de ferrocarriles en centro y su américa. Fundador de la Boston Fruit Company y después de fusionada esta con otras empresas, fue vicepresidente de la United Fruit Company.
Minor Cooper Keith, magnate estadounidense. Fundador de la Boston Fruit Company y vicepresidente de la United Fruit Company.

Antes de la Guerra de los Mil Días (1899-1902), el fundador de la United Fruit Company, Minor Keith, había comprado la Colombia Land Company, empresa que en 1875 ya era propietaria de más de 6 mil hectáreas en Riofrío, futuro distrito bananero. Minor Cooper Keith nació en 1848 en Brooklyn, Nueva York. Hijo de un acomodado comerciante de madera, su tío lo invitó a trabajar en el ferrocarril de Costa Rica, donde heredó su negocio. Contrajo matrimonio con la hija del presidente de este país, Cristina Castro Fernández y amasó tanta fortuna que logró financiar la deuda externa de Costa Rica y El Salvador negociando con banqueros ingleses. A través de firmas dominadas por él, siempre muy sigiloso, logró adquirir tierras en la región de Santa Marta y tomar el control del ferrocarril, un medio vital para exportar la fruta sin riesgos.

“Cuando Minor Keith, el fundador de la United Fruit, llegó al Magdalena a comienzos de los años noventa del siglo XIX para comprar tierra, encontró que la región estaba gobernada por la aristocracia empobrecida de la ciudad de Santa Marta. Esta aristocracia descendía de los primeros conquistadores españoles y los colonizadores franceses que llegaron a comienzos del gobierno español. Era una clase alta mirada con desdén por la élite tradicional cartagenera y por la élite de la clase mercantil barranquillera que se había enriquecido en años recientes”, dice el historiador Marcelo Buchelli en su libro Después de la hojarasca (2012, p.166).

Keith construyó redes ferroviarias en Centroamérica esenciales para el transporte de la fruta hacia los puertos. Conocía perfectamente el negocio verde. Era un hombre rico cuando invirtió en el Magdalena. El gobierno de Reyes le adjudicó 10 mil hectáreas en la Zona Bananera y amplió la concesión del ferrocarril.

Solados de La Guerra de los Mil Días.
Militantes liberales. Guerra de los Mil Días.

Después de la última guerra civil, el país vivió un período de paz que facilitó el desarrollo de las operaciones de la UFC en la zona bananera. La guerra dejó al país en una profunda crisis fiscal, luego de la derrota de los liberales en Ciénaga, Magdalena, y la firma del Tratado de Paz en Neerlandia el 24 de octubre de 1902. Este nuevo período de paz fue vital para la región bananera. La United Fruit Company construye puentes, abre canales de riegos, tiende líneas telegráficas, amplia la producción y logra multiplicar en pocos años el número de racimos de bananos exportados. Muchos militares, como parte de los arreglos de paz, recibieron tierras en la zona bananera y se convirtieron en cultivadores, como sucedió con el general Benjamín Herrera, quien recibió 240 hectáreas en Aracataca con las que creó La Colombia. Pronto, el dinero que la élite de Ciénaga y Santa Marta recibió le permitió construirse bellas mansiones y llevar una vida cómoda y de placeres en ciudades como Bruselas, Londres, París y Barcelona.

Escenario derruido después de una de las batallas de La Guerra de los Mil Días.
Los destrozos de la Guerra de los Mil Días.

El Tratado de Neerlandia se firmó el 24 de octubre entre Rafael Uribe Uribe (Liberal) y Florentino Manjarrés (Conservador). El 30 del mismo mes, Uribe depone las armas. En Santa Marta, este mismo día y el siguiente, hubo manifestaciones y desfiles de apoyo a la paz. La Guerra de los Mil Días había sido ruinosa. Dejó miles de muertos, millares de lisiados y la economía en el suelo.”

HEREDEROS DE LA ZONA BANANERA

General del Partido Liberal Rafael Uribe Uribe.
Rafael Uribe Uribe, General del Partido Liberal.

Después de la Independencia, los gobiernos de la República implementaron una política de adjudicación de baldíos para impulsar la agricultura y el comercio de exportación. Esta política de Estado también fue empleada para atraer inversionistas extranjeros con contactos en los mercados internacionales. Según la ley de baldíos, éstos debían beneficiar a aquellos que trabajaran la tierra, pero “Ante la debilidad del Estado central para hacer cumplir la legislación en el ámbito local, una parte considerable de los terrenos titulados terminaron en manos de familias tradicionales. Lo anterior generó conflictos entre terratenientes y colonos, los cuales se intensificaron con el tiempo: hubo 69 conflictos por tierra entre 1870 y 1900; 137 entre 1901 y 1917, y 241 entre 1918 y 1931.”, explica Joaquín Viloría (2015) en su libro Empresarios del Caribe colombiano: Historia económica y empresarial del Magdalena Grande y del Bajo Magdalena, 1870-1930. Estos conflictos se intensificaron en la medida en que la tierra se valorizó y la compañía amplió el área sembrada.

José Francisco Riascos Diazgranados, Pedro Vengohechea, Manuel Antonio Henríquez Diazgranados. Archivo: Guillermo Henríquez Torres.
José Francisco Riascos Diaz Granados, Manuel Vengohechea, Manuel Antonio Henríquez Diaz Granados. Archivo: Guillermo Henríquez Torres.

En el Magdalena fueron beneficiarios con esta política Martín Salzedo Ramón, Manuel Dávila García, José Ignacio Díaz Granados, Tomás Abello, César Campo, María Noguera, Alberto Zúñiga y Manuel Dávila, quienes a la vuelta de unas décadas afirmarían su condición de élite en la región. Algunas de estas familias habían adquirido cierta fortuna en el comercio de importación durante las primeras décadas de la República. Pero su posición dominante en el comercio de importación empezó a debilitarse hacia 1880, a raíz de la inauguración del puerto de Sabanilla y el ferrocarril que permitía conectar el mar con el río Magdalena.

 De Izquierda a Derecha Josefa Diazgranados de A. Correa y su hija Julia, los hermanos Raquel, Rafael, Elisa García Juliao; y Ascanio García Padilla (sentado). Barcelona, 1910. Archivo: Guillermo Henríquez Torres.
De izquierda a derecha Josefa Diazgranados de A. Correa y su hija Julia, los hermanos Raquel, Rafael, Elisa García Juliao; y Ascanio García Padilla (sentado). Barcelona, 1910. Archivo: Guillermo Henríquez Torres.

Con la construcción de la vía férrea también se adjudicaron baldíos aledaños a la vía. “Las élites samaria y cienaguera se aferraban a sus títulos coloniales, mientras los empresarios agrícolas solicitaban concesiones de tierra de baldíos nacionales. Entre 1892 y 1931 fueron adjudicados 29 baldíos en Ciénaga, Puebloviejo y Aracataca. En total, 29 mil hectáreas fueron adjudicadas.” (Viloria, 2015). Es un movimiento significativo que tiene su explicación en la expansión de la actividad bananera motivada por la UFC.

General del Partido Conservador, Florentino Manjarrés.
General del Partido Conservador, Florentino Manjarrés.

Recibieron tierras en este período Alberto Zúñiga, Francisco Dávila, el general Florentino Manjarrés, Manuel de Vengoechea, Luis C. Díaz Granados, José Páez de Castro, María Concepción de Durán, Charles Gautier, entre otros. Muchas de estas tierras fueron vendidas a la United o entregadas en arriendo para la explotación de banano.

En Aracataca, que sería uno de los distritos bananeros más importantes, floreció, a partir de la política de adjudicación de tierras, un grupo de empresarios y políticos influyentes. Algunos, incluso, como el mencionado Benjamín Herrera, mantuvieron relaciones tensas y de abierta confrontación con la United Fruit Company por el riego y la compra o rechazo de la fruta.

“No cabe duda de que en las primeras décadas del siglo XX el grupo más respetable de Aracataca lo constituían los veteranos militares de la Guerra de los Mil Días, quienes se habían establecido en su territorio. Se deben destacar los nombres de algunos militares y empresarios que incursionaron en el negocio bananero, como el general Benjamín Herrera en la finca Colombia; y el general conservador Francisco Troconis y su hijo Manuel Francisco en la fina La Andalucía”.(Viloria, p.36).

General Benjamín Herrera. Jefe del Partido Liberal.
General Benjamín Herrera, Jefe del Partido Liberal.

UFCO COMPRA TERRENOS

En el afán de conseguir nuevas tierras, la United Fruit sostuvo una serie de enfrentamientos con colonos, agricultores locales, campesinos y hasta con las autoridades. Estos enfrentamientos también se dieron por las presiones que la compañía bostoniana ejercía al denunciar como suyos, terrenos baldíos ocupados por colonos. Claramente su objetivo era ampliar sus terrenos para controlar la producción y monopolizar el mercado.

En su afán de vincular nuevos terrenos a la producción de banano negoció directamente con empresarios locales. Como estos no tenían suficiente capital para el sostenimiento de las tierras y no había bancos locales, les quedaba difícil emprender el negocio por cuenta propia; fue así como la United Fruit les facilitó dineros y se convirtió también en la única institución financiera de la región.

Sede de la United Fruit Company en Boston, USA.
Sede de la United Fruit Company en Boston, USA.

“La compañía les hizo préstamos a los productores que le proporcionaban fruta, típicamente bajo la condición de que le vendiera sus bananos exclusivamente a Untied Fruit. Para muchos agricultores locales ésta era la única manera de conseguir el capital suficiente para comenzar con la producción bananera”, (Buchelli, p.173).

Marcelo Buchelli también afirma en su libro que la United Fruit Company combinó un sistema de integración vertical con un sistema de subcontratación con los dueños de plantaciones locales. “El alto nivel de participación local en el mercado exportador era una característica específica del caso colombiano, en comparación con los países centroamericanos. Los dueños de plantaciones locales en Colombia producían entre un 20 y un 30% de la fruta exportada por United Fruit en 1910, pero para 1920 los agricultores locales producían un 50% y para 1930 producían cerca del 80%.” (p.168)

El samario Manuel Dávila Pumarejo, propietario de la sociedad Santa Marta Fruit Company, firmó dos acuerdos con al UFC. El contrato establecía que la empresa estadounidense se comprometía a prestar la suma de 20 mil pesos oro a Dávila Pumarejo, al 6% de interés anual. Con estos recursos, según el el historiador económico Joaquín Viloria, Dávila compraba terrenos que luego vendía a la Santa Marta Fruit Co., como ocurrió en 1910 con el traspaso de los terrenos de La Concepción y La Santísima Trinidad de Aracataca. Estos terrenos habían sido denunciados a finales de silgo XVIII por Basilio García, abuelo de Manuel Dávila García y bisabuelo de Manuel Dávila Pumarejo, aclara Viloria.

Ramón García Padilla, Ciénaga 1904. Vivió en la 5ta Avenida New York. Foto: Escovar. Archivo: Guillermo Henríquez. Torres
Ramón García Padilla, Ciénaga 1904. Vivió en la 5ta Avenida, New York. Foto: Escovar. Archivo: Guillermo Henríquez Torres .

“Dávila Pumarejo logró concentrar gran parte de la propiedad original de La Santísima Trinidad de Aracataca (cerca de un 70%), con compras hechas a varios de los herederos de su bisabuelo, así como a otros propietarios, entre ellos Martín Salzedo Ramón, Juan Campo y descendientes de Pedro Díaz Granados.” (Viloria)

Zona Bananera de Santa Marta. Siglo XIX. Archivo Universidad Nacional de Colombia.
Zona Bananera de Santa Marta. Comienzos del siglo XX. Archivo Universidad Nacional de Colombia.

Otros propietarios que vendieron a la Santa Marta Fruit fueron sus hermanos Francisco, Rosa, José, Rómulo y Josefina Dávila, así como Urbano Pumarejo, tío de Manuel. En 1917, la Santa Marta Fruit Company vendió a la UFC estos terrenos, cuya extensión sumaba 8.115 hectáreas, divididos en cultivos de banano (1.455 hectáreas), pastos (198) y área sin cultivar (6.462).

De nuevo, en 1922, Dávila le vendió a la UFC 800 hectáreas de La Santísima Trinidad de Aracataca, por un valor de 90 mil dólares. Lo anterior, según Viloria, corrobora que la UFC favorecía a pocas familias locales e influyentes, para ganarse su apoyo en momentos en que tuvieran que negociar con el gobierno local o nacional, tal como ocurrió durante la administración de Reyes.

Alfredo Brodmier Torres en el timón y José Hilario Henríquez Ruiz. Bruselas, 1928. Archivo: Guillermo Henríquez Torres.
Alfredo Brodmier Torres en el timón, y José Hilario Henríquez Ruíz en la parrilla. Bruselas, 1928. Archivo: Guillermo Henríquez Torres.

Los aristócratas samarios, arruinados pero con tierras, las alquilaron o vendieron a la UFCO. Con los préstamos de la UFCO y su asistencia técnica convirtieron tierras incultas en productivas fincas de banano. A estos productores la compañía, mediante contratos de cinco años, les compraba la fruta y se aseguraba la devolución de los créditos. Las sumas excedentes, cheques millonarios y puntuales, les eran enviadas a Bruselas, Londres, Nueva York, París, Barcelona o Roma. De esta manera se volvieron ricos y algunas familias de Santa Marta y Ciénaga pudieron hacer vida europea y construirse hermosas casas que, envejecidas, son testimonio de la bonanza que trajo la compañía (Bucheli, 2012). Fue un período de cerca de 30 años, a partir de 1910, que los entendidos bautizaron como la Bruselitis, en alusión a la costumbre de muchas familias bananeras que, una vez tuvieron los medios suficientes, decidieron irse a vivir a Europa, pero especialmente a Bruselas, Bélgica.

(Ver: La ‘Bruselitis’ y la dolce vita de la élite bananera)

Carmen Labarcés y César Riascos. Bruselas, 1936. Archivo: Guillermo Henríquez Torres.
Carmen Labarcés y César Riascos. Bruselas, 1936. Archivo: Guillermo Henríquez Torres.

Entre los apellidos de las familias que se enriquecieron con la venta y renta de tierras a la United Fruit encontramos: Henríquez, Riascos, Elías, Zabaraín, González, Noguera, García-Padilla, García-Juliao, Dávila, Vengoechea, Álvarez-Correa, y Díaz Granados.  

Muchas de estas familias continúan en el negocio del banano o tumbaron sus fincas para pasarse a los cultivos de palma y la producción aceitera. La mayoría mantiene su influencia en la política y la economía del norte del departamento de Magdalena. El control de la tierra y de la política les permite reproducirse como élite de generación en generación en el Magdalena. Algunas han incursionado en la banca, el turismo y la construcción. Siguen cruzando sus apellidos y fortunas, como hicieron en la Colonia y durante los primeros cincuenta años de la República.”

Portada de una de las ediciones de la novela La casa grande de Álvaro Cepeda Samudio.
Portada de una de las ediciones de La casa grande, de Álvaro Cepeda Samudio.

EL POTENTADO BANANERO EN LA OBRA DE CEPEDA SAMUDIO

Nadie como Álvaro Cepeda ha podido expresar con pocos rasgos el pensar, sentir y proceder de los potentados bananeros: hombres duros, inflexibles, acostumbrados a hacer su santa voluntad en casa y fuera de ella.

“El Padre”, capítulo de su novela La casa grande (1962), es un cuadro arquetípico de la figura del propietario bananero. A los hombres del banano, Cepeda los conoció en su niñez cienaguera (1932-1936) y con ellos y sus hijos mantuvo estrechos vínculos de amistad durante años. La figura del potentado bananero es otro de sus muchos aportes a la narrativa del continente.

Del Padre, personaje de su novela, escribió: “Cuando hable la voz del Padre será áspera, autoritaria, hecha de dar órdenes siempre. No hay ternura en el Padre. Pero tampoco hay torpeza. Es implacable pero no hay venganza ni amargura en él. Es naturalmente duro como el guayacán”.

(Ver: La “yunai” en la literatura latinoamericana)

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11 comentarios en “Los potentados del banano en tiempos de la United

      1. Buen artículo, Annabell. Muchos de los apartes muestra como amasaron sus fortunas las familias tradicionales del norte del Magdalena en torno a la apropiación de tierras baldíos de la Nación, algunas beneficiándose de las adjudicaciones del Estado para sacar adelante sus negocios con el banano; de hecho hay algunas situaciones que me recuerdan el caso AIS.

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      2. Interesante el artículo. Entre otros aspectos nací en la Zona Bananera, y mi nombre es Juan Freyle.

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  1. Admirable descripción de las élites samarias de esa época. Hay muchos que persisten en continuar así. A propósito, siempre me ha interesado en la relación que tuvo esta élite con la de Barranquilla, Cartagena y Valledupar. Muchas gracias por tu reportaje.

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  2. Reblogueó esto en Notas en Agenda's Blogy comentado:
    Mucha información relevante y servida en bandeja para quienes asisten a los eventos académicos que el Área Cultural del banco de la República de Santa Marta viene realizando ayudan a motivar a jóvenes escritores locales; les dan cuerda y los retan: El resultado está aquí.

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